Crítica: It’s a Sin

Amor, amistad y salud en el Londres de los 80

Título original: It's a Sin

Año: 2021

País: Reino Unido

Creada por: Russell T. Davies

Protagonistas: Olly Alexander, Nathaniel Curtis, Shaun Dooley, Omari Douglas, Lydia West, Keeley Hawes, Neil Ashton, Callum Scott Howells, Toto Bruin

Producción: Red Production Company

Plataforma: HBO Max

Temporadas: 1 (miniserie)

Duración capítulos: 46-49 minutos

Difundida por HBO Max, It’s a Sin, serie del canal británico Channel 4, pone sobre el tapete los inicios del SIDA en la década del 80 en Londres.

Al compás de los Pet Shop Boys y de la mano de personajes entrañables, la nueva creación de Russell T Davies (Queer as Folk, A Very English Scandal) nos sacude, evidenciando que el estigma sigue vivo, que no hacía falta retrotraernos cien años para identificar la última pandemia: hace 40 años, el fantasma mortal del HIV llegaba para quedarse.

Liberación

It’s a Sin nos presenta a Ritchie (Olly Alexander), Roscoe (Omari Douglas) y Colin (Callum Scott Howells), quienes, con sus particularidades, comparten un patrón: los tres provienen de familias que los desaprueban, ya sea de manera explícita -como en el caso de Roscoe, a quien sus padres pretenden regresar a Nigeria para que lo curen de las tentaciones del demonio-, o a través del silencio y la negación, formas aparentemente menos traumáticas de una misma violencia.

Colin y Ritchie, uno desde Gales y otro desde la isla de Wight, llegan a Londres para trabajar y estudiar, respectivamente. Roscoe, por su parte, ya vivía en la capital inglesa pero al marcharse de su casa descubre otra ciudad, la que le permite aceptarse, desenvolverse con alegría y naturalidad. Y es que la vibrante Londres es, sin dudas, un personaje más (si no el principal) de esta historia, donde conviven el glam rock y el thatcherismo, el tweed y las remeras de red.

Incredulidad e hipocresía

Conectando a los jóvenes entre ellos está Jill (Lydia West), abierta de mente y corazón, quien empieza a notar que el virus “americano” que parecía un mito es en verdad una amenaza para sus íntimos amigos, a quienes intentará concientizar a la par que organiza una movilización para exigirle ayuda al Gobierno.

A lo largo de la trama, vemos cómo cambia la actitud de los personajes (aun de los más escépticos) respecto de una enfermedad que, por su tratamiento mediático, se parecía mucho más a un panfleto antiderechos que a una verdadera preocupación.
Olly Alexander y Lydia West, en una escena de It's a Sin
El “cáncer de los homosexuales”, como se lo presentaba por aquel entonces, es tomado por Ritchie como una barrera más que derribar. El guion no juzga a los descreídos; al contrario, enfatiza por qué, en medio de tanta prohibición, de tanto señalamiento, el advenimiento del Sida se parecía más a una profecía católica apocalíptica que a una alerta. La hipocresía reinante en los gobiernos, los centros de salud y los mismos círculos familiares dificultaban lo que resulta clave a la hora de enfrentar un problema: la circulación de información.

Diversión sin liviandad

A lo largo de sólo cinco capítulos, la serie lleva a los espectadores por distintos picos emocionales. A la algarabía y al buen humor se le contraponen las escenas sin filtro de las víctimas de la enfermedad. No hay grises en It’s a Sin, no hay finales de cuentos de hadas.

Es esa conjunción de climas lo que hace que esta producción sea tan interesante y rica: no se queda, únicamente, en el reflejo catastrófico del auge del Sida, sino que explora la liberación sexual y los lazos de amor y amistad que afloraban en una década en que la homosexualidad comenzaba a salir del clóset.

Cuando Ritchie, con la mirada perdida y una sonrisa, declara “me divertí”, no es una declaración irresponsable, sino un grito de independencia, porque nada ni nadie podían quitarle el orgullo de haber sido fiel a sí mismo.

El temor a lo desconocido

It’s a Sin es una buena opción en tiempos de pandemia. Ha pasado un año y todavía son más las preguntas que las respuestas. Impacta ver la estigmatización a los portadores de HIV, cómo se los culpaba por contagiarse y el temor de su propia familia a tocarlos o a compartir la misma habitación.

No es lo mismo ser prudente que deshumanizar a la persona enferma. La serie británica pone el ojo donde hay que poner, con sutileza y encanto. Y vamos a querer bailar mientras nos secamos las lágrimas.

Brinda: Esperanza y reflexión

Nuestra calificación:
Calificación de los lectores:
Seleccioná una estrella para votar

Y a vos, ¿qué te pareció? ¡Dejanos tu comentario!

¡Dejanos tu comentario!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Fill out this field
Fill out this field
Ingresá una dirección de correo válida.
You need to agree with the terms to proceed