Crítica: Generación 56K

Título original: Generazione 56K

Año: 2021

País: Italia

Género: Comedia dramática

Creada por: Francesco Capaldo

Protagonistas: Cristina Cappelli, Azzurra Iacone, Angelo Spagnoletti, Alfredo Cerrone, Sveva Simeone, Gianluca Colucci, Egidio Mercurio, Gennaro Filippone

Producción: Cattleya, ITV Studios

Plataforma: Netflix

Temporadas: 1

Duración capítulos: 30 minutos

Generación 56K es una comedia romántica italiana que consta de ocho episodios. Desde el título, su principal motor está en la nostalgia, en la preadolescencia de los protagonistas, situada en 1998. El nombre de la producción hace referencia a los módems de 56K que se utilizaban en los inicios de internet.

Ubicada en simultáneo en dos líneas temporales, la serie creada por Francesco Capaldo cuenta la historia de Matilda (Cristina Capelli/Azurra Iacone) y Daniel (Angelo Spagnoletti/Alfredo Cerrone), quienes se vuelven a ver tras casi dos décadas.

En el presente, ella es una restauradora de antigüedades que sueña con estudiar en París, en tanto que él trabaja en una empresa fabricante de aplicaciones de celular. Su encuentro no sólo se da bajo una gama de enredos: Daniel no reconoce en el momento que esa -a priori enigmática chica- es nada menos que Matilda.

Los dos primeros episodios se enfocan en presentar a los protagonistas. El capítulo inicial se centra en Daniel, mientras que el siguiente en Matilda. Esa presentación narrativa se da entre el pasado y el presente, donde se observa el contexto de la infancia de ambos, con la pintoresca Nápoles como locación. El chico forma parte de una familia tipo, con dos padres y una hermana menor, en tanto que la situación de la muchacha es más compleja, con un padre que nunca está presente en casa.

La adaptación de la acción en el cierre del siglo XX está lograda, y es en esos pasajes donde la serie tiene sus momentos humorísticos más sólidos, con un timing para destacar. La química que existe entre Daniel y su papá Bruno es de los ítems más firmes de Generación 56K.

Si bien la producción cuenta con algunos clichés de la comedia romántica, no abusa de ellos. Con el correr de los episodios, la trama aumenta en profundidad, dando lugar también al drama propio de la vida cotidiana.

Un punto sin tanto lucimiento son las historias de los personajes secundarios, las cuales parecen de relleno. No obstante, esos mismos personajes funcionan muy bien como partenaire de los protagonistas. Y es allí donde se encuentra otra temática fundamental: la fortaleza de la amistad a través de los años. Eso se da tanto en el vínculo de Daniel con Luca y Sandro, como en la relación entre Matilda e Inés, de quien Daniel estaba profundamente enamorado de niño.

Vale aclarar que, dentro de esa gama secundaria, está muy lograda la subtrama de la protagonista con su papá, una de las cuestiones más emotivas.

Tras observar los ocho capítulos de media hora de esta dinámica propuesta, queda claro que no se trata sólo de una historia romántica, sino que va más allá. Cuando la acción va al pasado, la preadolescencia da lugar a muchas temáticas interesantes: amistad, rebeldía, despertar sexual e inocencia. Toda esa combinación de factores hace de Generación 56K una serie divertida, fresca y lograda.

Lo mejor: su capacidad humorística, la cual no pierde de vista una dosis justa de drama.

Lo peor: lo volátil de las minihistorias secundarias.

Brinda: Esperanza

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