Crítica (especial): The Walking Dead

Por Guadalupe Reboredo

La miniserie producida por AMC y distribuida por Fox nos muestra el costado más animal y, paradójicamente, el más humano de los sobrevivientes del apocalipsis en sus arduos intentos por rearmar el mundo. Una buena opción para sumergirnos en la pantalla en tiempos de incertidumbre global.

 

Los orígenes y la proyección

 

The Walking Dead está basada en el cómic homónimo del escritor Robert Kirkman y el artista Tony Moore, quien a partir de la séptima edición fue suplantado por Charlie Adlard. El primer número de la novela gráfica fue publicado en 2003. Se editaron 32 volúmenes con un total de 193 números, tirada que finalizó en julio de 2019. En 2009, el estudio de televisión estadounidense AMC compró los derechos y comenzó a rodar la miniserie que fue estrenada el 31 de octubre de 2010, cosechando un éxito inmediato en la audiencia. De esta manera, la historia que comenzó en viñetas blanco y negro, siendo consumida por fanáticos del género, se masificó demostrando que las distopías, el terror y, por supuesto, los zombis, pueden ocupar el horario estelar de la grilla y justificar una inversión millonaria.

 

Si bien en los últimos años disminuyó la recepción tanto de los críticos como de la audiencia, The Walking Dead continúa grabándose (ya lleva 10 temporadas; los últimos capítulos quedaron suspendidos por la pandemia) y dio vida a dos series derivadas: Fear the Walking Dead y The Walking Dead: World Beyond. Además, se proyectan tres películas con las aventuras de Rick Grimes, el protagonista. Internacionalmente, es la cadena Fox la que emite serie. Actualmente, se pueden disfrutar sus primeras nueve temporadas en Netflix.

Aún si nunca vimos nada sobre zombis, sabemos de qué estamos hablando: cuerpos sin vida que se levantan en busca de seres humanos con los que alimentarse. Las personas mordidas, consecuentemente, se transformarán en zombis, y así sucesivamente. El concepto de muerto viviente no es ni siquiera moderno: distintas civilizaciones hablaban de quienes retornaban del más allá pero el término zombi, estrictamente, proviene de África Occidental, y su caracterización tal cual la conocemos comienza de la mano del escritor de principios del siglo XX, H.P. Lovecraft.

 

¿Qué más sabemos? Que dentro del universo de monstruos no son demasiado temibles y que, en lo que respecta al audiovisual, se ubican en las producciones de clase B. The Walking Dead viene a barrer con los prejuicios sin serle infiel al género: hordas de walkers, litros de sangre y locaciones que remiten al lejano oeste no le quitan profundidad ni emoción a los más de 140 capítulos que hasta ahora han sido emitidos. ¿Hay terror? Sobra, aunque no son los zombis los personajes más espeluznantes.

 

Rick, el mesías

 

La historia comienza cuando, en medio de un operativo, el alguacil Rick Grimes (Andrew Lincoln) recibe un disparo que lo deja en coma. Tiempo después, cuando despierta en el hospital, el mundo ha cambiado: un virus misterioso e inesperado (suena increíblemente actual) se ha esparcido a gran velocidad por todo el globo (aunque la historia va a estar claramente centrada en Estados Unidos), convirtiendo a la mayor parte de la población en zombis. La ciudad está destruida y desierta, a excepción de los muertos que ahora persiguen a Rick, quien emprenderá una travesía para encontrar a su esposa y su hijo.

A lo largo de diez temporadas (ya se confirmó la onceava) el personaje de Rick va creciendo mientras aumentan las tensiones. Reconocido como líder no sólo por los primeros sobrevivientes con los que se encuentra, sino por la mayoría de los grupos que superaron el apocalipsis, su carácter se va endureciendo al punto de que, según el cristal con que se lo mire, comienza a ser tan perverso como los villanos que se le cruzan. Y es que Rick haría cualquier cosa por proteger a los suyos, su “nueva familia”, aunque eso signifique acabar con su amigo de toda la vida o masacrar a desconocidos mientras duermen.

 

Ágil, inteligente, fiel, valiente, Rick es uno de los personajes mejor perfilados de la televisión. Los conocimientos adquiridos en su vida pre-apocalipsis, la destreza para la negociación que va puliendo a cada paso y la devoción por sus seres queridos van construyendo la verosimilitud del antihéroe. Aun quienes lo aborrecen, lo respetan, y los indiferentes llegan a sentirse inspirados. Convencido de que se puede crear algo a pesar del caos, Rick también está seguro de que, en este nuevo mundo, el camino es inevitablemente violento.

 

¿Quiénes son los monstruos?

 

A medida que la historia avanza, los zombis pierden protagonismo, si bien nunca deja de respetarse el género: sangre, tripas y ojos explotados empañan, al menos, una escena por capítulo. Pero lo cierto es que los muertos vivos dejan de constituir la amenaza principal. Incluso, pasadas las tres primeras temporadas, la pregunta de si los zombis sienten o no queda respondida sin un ápice de duda: son cuerpos vacíos por dentro, nada queda de la memoria ni los sentimientos de las personas que solían ser; lo único que importa es apuntar a su cerebro ya que, de lo contrario, sus miembros seguirán funcionando. Sabemos, también, que todos están infectados, es decir que, aun quienes fallezcan de forma natural, se transformarán, y no hay cura conocida.

Con los zombis relativamente controlados, la pregunta pasa a ser cómo se reordenará la sociedad y quién controlará a las comunidades focalizadas. Lo primero es la supervivencia, por lo cual la comida y el techo pasan a ser el bien más preciado. Los medicamentos y las armas también son fundamentales. Aquí es cuando aparece el verdadero espíritu de The Walking Dead y por qué es una serie recomendable para quien aprecie una buena historia, le guste o no la ciencia ficción. Y es que es en el enfrentamiento de sobrevivientes contra sobrevivientes que vemos surgir a los verdaderos monstruos, los instintos más bajos y la lógica darwiniana: sobrevive el más apto. Vemos reflejadas las máximas vigentes en nuestras propias realidades: la unión hace la fuerza y la única manera de salir adelante es con la cooperación mutua.

La postura pacifista llegará de la mano de Morgan en la quinta temporada, quien impondrá sus ideas para chocar contra el propio Rick. La disyuntiva de matar o no irá ganando peso, a la vez que nos encontramos con uno de los malvados más cínicos y sanguinarios de todos, el temible Negan, quien pretende que todas las comunidades trabajen para él en una actitud que bien podría ser un paralelismo de la colonización de América. Es un seguidor de Negan quien expresa la frase que resume las últimas temporadas de la serie cuando, frente a un integrante del grupo de Rick, dice: “Ustedes no son los buenos”.

 

Mujeres al frente

 

Aunque The Walking Dead no tiene, ni pretende tener, la diversidad como principal característica, lo cierto es que la plana mayor fue cambiando a lo largo de los capítulos. La historia que comenzó con hombres portando armas y mujeres dedicándose al lavado de la ropa o a la huerta se fue aggiornando hasta llegar a Andrea soportando las torturas del Gobernador, a Beth escapando del hospital donde la tienen presa, a Maggie comandando una comunidad y a dos de las mejores luchadoras de todos los sobrevivientes, Michonne y Carol. También, a partir de la quinta temporada, vemos parejas del mismo sexo que, si bien no tienen gran protagonismo, rompen un poco con los esquemas conservadores que planteaba la serie.

El personaje de Carol merece una mención aparte: se nos presenta como una esposa dominada por su marido, quien la golpea a ella y a su pequeña hija, pero se torna fuerte y aguerrida cuando pierde a su familia. Su temeridad salva al grupo de Rick en más de una ocasión. Influenciada por las ideas pacifistas de Morgan, Carol tiene un nuevo viraje cuando sus asesinatos comienzan a remorderle la conciencia. Conocedora del sufrimiento, protectora de sus afectos y brillante a la hora de los enfrentamientos, es uno de los personajes mejor delineados de la historia, una mujer que no tiene vuelta atrás.

 

Tiempos de pandemia

 

En esta extraña realidad que nos encuentra en nuestras casas, con tiempo para el ocio y ganas de desconectarnos, The Walking Dead es una opción para pasar el rato y sorprendernos con los puntos en común (más allá de que la comparación suene un poco extrema) sobre lo que acontece a nuestro alrededor. Después de todo, se trata de un virus misterioso que se expandió rápidamente y generó un caos. Dicen que la realidad supera a la ficción.

 

Artículo originalmente publicado en El País Digital

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